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Patrimonio - Dolmen
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El monumento megalítico de Magacela lo encontramos al nordeste del promontorio en el que se levantó la población, en la zona conocida como “Los Tejares”. No es complicado su acceso, ya que está situado a pocos metros del inicio del camino que nos lleva al santuario de Nuestra Señora de Los Remedios, patrona de la villa.

A comienzos del siglo XX ya se tiene constancia de este sepulcro como parte del patrimonio prehistórico extremeño, inventariado en el Catálogo Monumental de la Provincia de Badajoz como “Dolmen de la cerca de Marzo”, con el número 523. En la memoria, señala el profesor Mélida que tal vez existió otro similar en el término de la localidad, citando como el médico de Magacela, en 1908, conocía otro monumento semejante en el cerro de Porras, pero que nunca lo llegó a encontrar.

El monumento megalítico de Magacela se adscribe a la tipología de dólmenes de corredor o galería, que se caracterizan por estar formados en planta por una cámara y un pasillo adintelado de acceso a ésta. El término “megalítico” alude al enorme tamaño de las piedras que conforman estas primitivas estructuras arquitectónicas del neolítico y calcolítico peninsular. El único elemento que nos ha llegado del sepulcro es la cámara circular. Todo el pasillo o corredor ha desaparecido, si bien Mélida pudo fotografiarlo a principios de la centuria pasada. Las piedras u ortostatos de éste se dispersaron por el entorno. Algunos de estos monolitos los hemos encontrado en las cercanías, siendo parte de puentes o badenes de arroyos, y otros elementos arquitectónicos.

Otro de los elementos ya desaparecidos es el túmulo de tierra, cubierta o bóveda que cerraba la cámara. El espacio circular que nos ha llegado es la celda mortuoria, si bien en otros dólmenes como éste se han encontrado enterramientos inclusive en el corredor, seguramente por saturación del espacio. También se construyeron cistas anejas a las cámaras principales de los dólmenes cuando las inhumaciones rebasaban el espacio.

La cámara funeraria del de Magacela se compone de doce ortostatos de granito, estando, como hemos mencionado, o bien cerrada con una gran losa monolítica, varias placas y/o una falsa cúpula. Entre todos destacan por su altura los dos monolitos que indican la puerta de entrada, así como dos bloques recortados verticalmente en los márgenes y unidos entre sí formando una especie de ventana (ortostatos nº 3 y 4). Otro casi ha desaparecido, del que solo queda la base fracturada a no ser que fuese umbral de acceso a otra cámara o cista (ortostato nº 5).

Se suele denominar a esta tipología de dolmen como "Tholos" con corredor, cuando la cámara sepulcral circular se resuelve mediante la construcción de una falsa bóveda por aproximación de hileras, si bien el término estrictamente alude a la forma en círculo, independientemente del acabado o cierre de la cámara, sea con una solución arquitectónica u otra (losa, losas y/o falsa cúpula). Para soportar el peso de la masa tumular, pudo tener un elemento central para sustentar el cierre, si bien no se conservan indicios.

El túmulo es evidente que existió cubriendo todo el conjunto, la inclinación hacia dentro de las piedras o paredes de la cámara es testigo de las toneladas de tierra y piedras que soportó. Una más que posible alineación de anillos de piedra impediría su erosión, conformando una barrera arquitectónica antideslizamiento de toda la masa tubular.

La altura media del conjunto de monolitos de la cámara es de 1,75 metros, mientras que la de los bloques de la entrada donde arrancaría el pasillo hacia el Este supera los 2 metros. La cámara funeraria tiene 5,10 metros de diámetro en el eje Este-Oeste, y unos 30 cms. menos en el eje Norte-Sur.

Todos los ortostatos presentan un anverso (parte que mira al interior de la cámara) mucho más trabajado, liso y uniforme, siendo el reverso más tosco. El sepulcro mediría en su totalidad unos 14 metros de longitud (5 metros de diámetro de la cámara y 9 metros más del corredor), siendo los bloques del pasillo o corredor los más bajos.

Un aspecto a destacar de esta construcción es la decoración que presentan los cinco ortostatos que se han marcado en la planta. Los motivos representados se han tratado en las ilustraciones que acompañan este texto. Los grabados de figuras antropomorfas (forma humana) o ramiforme (forma de rama, tronco con ramificaciones), zoomorfas (de animal), soliformes (forma de sol), serpentiforme (ondulación) y cazoletas (oquedades) son de difícil interpretación, como ocurre a la hora de dar un significado a las representaciones de la pintura rupestre esquemática. En ellas se ve la plasmación en la piedra de una realidad coligada a connotaciones culturales, religiosas y rituales enmarcadas en una realidad y espacio temporal determinado. La cotidianidad y paralelismo al conjunto de representaciones en monumentos similares y abrigos con pinturas, pese a su distancia geográfica, es otro paralelismo que presentan con el resto de representaciones rupestres.

El dolmen se supone expoliado, no habiéndose encontrado restos arqueológicos en su interior por no conocerse excavación documentada, si bien se ha detectado alguna pieza en su entorno del periodo calcolítico clasificado como elemento funerario votivo.

A falta de ajuar y restos encontrados in-situ para su estudio, por las similitudes con otros sepulcros megalíticos, tanto arquitectónicamente hablando como por su decoración, hay que datarlo dentro del periodo Neolítico Medio al Final y Calcolítico. El dolmen de Granja de Toriñuelo (Jerez de los Caballeros) o el de Azután (Toledo), que es sin duda su más semejante, dan testimonio de ello. Las representaciones esquemáticas, sobre todo la del ramiforme ocupando una ubicación semejante a la del de este último, y el sol como el de Toriñuelo -también lo encontramos en un abrigo de la sierra de Magacela- nos hablan de ideologías semejantes a pesar de ser comunidades ligeramente distanciadas espacialmente, aunque en continuo contacto cultural. Todo ello pone de manifiesto culturas en contacto intelectual e ideológico del IV - III milenio a. C., no descartando un uso continuo y posterior del conjunto, llegándose a utilizar como zona de enterramientos hasta el segundo milenio antes de nuestra era.


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